Para la hora de dormir...

Hay algo que no tiene límites, que tiene principio pero no tiene fin...es la imaginación

 

Empieza a veces cuando estamos aburridos o cuando nos distraemos un rato...

 

Algunos miran para arriba, otros cierran los ojos y empiezan un viaje fascinante, por el mundo de la imaginación… Viajando podemos conocer personajes increíbles, llenos de historias para compartir con nosotros...

 

Algunos dicen que el pasaje a este mundo es una galletita de chocolate a la noche. Otros cuentan por ahí que siguiendo a un canario celeste que se va en el aire, nos lleva a la entrada...

 

Las puertas de ese mundo están abiertas a todos, todos los chicos que se animen a soñar... pero atención!... Una vez adentro, hay que estar listos para pelear con los piratas que le temen al agua, escuchar a los príncipes enamorados que se quedan callados, no reírse de los monos con polleras, cantar mas fuerte que las estatuas parlanchinas y no chocarse con los anteojos chicatos. Todo es posible en este mundo tan divertido y diverso, solamente es cuestión de imaginar bien fuerte…

 

Nosotros una vez fuimos y nos encontramos con un montón de cosas…

 

Vengan, pasen al mundo de la imaginación de ARS, tenemos muchas historias para contarles…




Hablando de Don Luis...un cuentito que dura una vuelta de calesita!...

 


Son las 2. Todavía falta mucho dice mamá…

Son las 3. Falta menos…

Las 4…las 5!!!...Dale vamos ma! Que Don Luis ya abrió!!!!!

A Don Luis lo conozco desde que soy chiquito, ahora ya tengo 5, pero nos conocimos cuando yo tenía 2. Nos presentaron mamá y papá, que siempre me llevan a pasear los domingos, cuando hace frío vamos en el auto, pero cuando hace calor…cuando hace calor…obvio q voy con mi bici!!!...pedaleo a máxima velocidad para poder elegir el que mas me guste!

Antes de llegar a la esquina ya escuchamos la música y vemos a Rosa, la jirafa, con el cuello más largo del mundo, a Flecha, a Mancha, a Rubio y a Charo que son los caballos mas mansos del universo, a Cuqui el avioncito que viene volando bajito…y también vemos a la La Antártida, el bote que viajó por el mundo entero…¡Es la calesita de Don Luis!!

Llegamos y después de saludar a Don Luis con un beso, me subo a la calesita.

Veo que no está por ningún lado Rulo, se habrá escapado??? Don Luis me cuenta que Rulo quería un nuevo color para sus puertas y que por eso estaba en su taller, que es como un centro de belleza, pero para aviones. Ahí Luis y Rulo iban a mirar fotos de aviones famosos y así iba a poder elegir el modelo y color que más le gustara, para recibir a los chicos con su nuevo look y llevarlos a pasear más rápido y elegantemente que nunca.

Primero me siento a dar la vuelta en Cuqui, el avión que vuela bajito. Me cuenta que viene de la república oriental de Carcajánia, un lugar dónde todo el día se la pasan riendo. Paso por donde está Don Luis, me parece que ahora me llevo la sortija… ¡Casi, casi me la llevo! ¡Que poquito que me faltó! ¿Viste papi?. Para la segunda oportunidad nos comunicamos con la torre de control, que nos dice que tenemos que orientar nuestro rumbo hacia la mano de Don Luis. Preparamos la altura, bajamos el tren de aterrizaje, apagamos las turbinas, abrimos la ventanilla y… ¡Ay Ay Ay! ¡Casi, casi, casi! ¡No llegué por el pelo de un piojo!

Se termina la vuelta y me apuro a elegir, mientras todos los nenes y nenas se rien, como la gente de Carcajánia. Desde lejos me llama Anita que aprovecha para comer unas hojas de los árboles, me hacen señas Tito y Pepita para que los ayude a contar sus rayas, son las cebras mas rayadas que conocí en toda mi vida!, me contó Porteño, el camello, que se rumorea que están enamorados desde el primer día que Don Luis los presento!

Finalmente me subo a La Antártida, el botecito amigo de los peces y después de ponerme el gorro de capitán, le grito a mamá “¡Todos a bordo!” y Don Luis con la fuerza de un gigante hace arrancar la calesita. La Antártida me da un consejo: Me dice que si me paro cerca de babor, puedo aprovechar para sacarle la sortija a Don Luis. El clima no nos es favorable, muchas tormentas y muchas olas no nos permitieron acercarnos lo suficiente y el pirata Luis conservó su sortija… preparamos la tripulación para un segundo intento y en un descuido, logramos recuperar la sortija de la princesa. Muy contento desde mi bote se la muestro a mamá y papá, que me aplauden desde abajo.

Termina la vuelta y como ya se está haciendo de noche, hay que volver a casa a preparar los ñoquis caseros de mamá que son tan ricos que te dan ganas de comerlos hasta de desayuno, con dulce de leche!!

Don Luis me da una ficha para la próxima porque saqué la sortija, me regala un caramelo de frutilla, un beso y me dice “hasta mañana pibe”.

Mientras nos vamos saludo a todos los caballitos, la jirafa, el camello, el bote, el avión y las cebras. Monto a mi bici, primera, segunda, tercera… ¡Y a viajar por el mundo de la imaginación!

                                                                                                                                                    PFC.

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